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Brimeda

Población: 114 habitantes.

Repoblado en la primera expedición del conde Gatón y el obispo Indisclo allá por el año 853, Brimeda era feudo tradicional del obispado. Hubo un temprano monasterio dedicado a San Martín, del que constan pocas noticias, y en el siglo XII ya se mencionaba la explotación de minas de hierro. Por su parte, el Madoz da una curiosa pincelada: "Tiene como unas 50 casas de paja, exceptuando la del cura que es de teja". A 6 kilómetros de Brimeda está el monte de San Blas que linda con varios pueblos. Allí se erigía la ermita de San Blas, a la que acudían una vez al año en romería todos los pueblos limítrofes.

Cuenta la leyenda que cada cual se sentía con derecho a la propiedad de los terrenos y la fiesta siempre terminaba en palestras y peleas. Preocupados por el cariz de los acontecimientos, los curas se alarmaron porque además a los nueve meses nacían muchos hijos de solteras. Así que decidieron suprimir la romería. Los curas acordaron que al año siguiente el primer pueblo que se presentara a decir la misa, aquel se quedaba con el monte. Los vecinos de Brimeda compinchados con el párroco maquinaron dormir la noche anterior guardados cerca de tal forma que con el alba ya estaban diciendo misa. Desde entonces a los Brimeda, se les conoce como "los raposos", por su astucia.

Un paseo por su calles tranquilas permite descubrir muchas casas antiguas de piedra, con corredores de balaustrada, añejas puertas de cerrajería artesanal con gateras, con nogales de balaustrada, añejas puertas de cerrajería artesanal con gateras, con nogales por todas partes. En el barrio por el que se sube a la iglesia hay una fuente bien empedrada, y al lado el potro para herrar y la herrería. El templo de abajo es la ermita, aunque es la que funciona como parroquia. Dentro alberga la figura de San Blas, de tez casi negra, que según de dice, bajaron del monte de las disputas. Enfrente, cerrado desde hace años, está un antiguo caserón abandonado que fue casa rectoral, y donde chillan sin cesar pardales y golondrina. El templo erguido en la cuesta es la iglesia de San Esteban.

Sólo hay oficios religiosos una vez al año, en su festividad, y por su ubicación alejada ha sido blanco repetido de los ladrones de arte sacro: ya se han llevado una pila bautismal del S. XIX y cinco imágenes del siglo XVI, éstas sacándolas por un agujero practicado en el tejado. Algunas han aparecido. Del exterior resalta la espadaña con una campana gigantesca y un pórtico artesonado. Adosado al muro norte, como casi siempre los camposantos orientados al norte - la estampa del viejo cementerio, abandonado a los lirios y maleza, le confiere un aspecto romántico, becqueriano. Estaba comunicado con la iglesia por una puerta de arco ahora cegada.

Desde lo alto de alguna cornisa es frecuente sorprender algún búho vigilando estático los pasos de los visitantes. Brimeda tuvo un momento en que pareció despegar hacia el futuro, cuando se abrieron las minas de hierro pero la explotación, duró apenas cuatro años. El hierro se elevaba por un sólo pozo vertical que alcanzó los 160 metros, con galenas perpendiculares de hasta 700 metros. Cuando se suspendió la extracción se dijo que era un paro pasajero, así que la maquinaria permanece enterrada dentro anegada en agua, sin que haya vuelto a funcionar.

Los restos de escombros, etc., pueden verse a la salida , por la carretera que conduce a Bonillos, Requejo, los pueblos azules.Para aquellos interesados por la antigüedades, en Brimeda tiene abierto almacén Eliseo quien se ha dedicado muchos años a la compra y restauración de antiguos muebles y artesanía comarcal. Puede adquirirse desde fuelles de herrero, a una buena colección de morteros o artesas reconvertidas en artísticas alacenas.

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